En los últimos meses ha crecido con preocupación la presencia de la variante del SARS-CoV-2 conocida como XFG, apodada “Frankenstein” o “Stratus”, que combina material genético de dos sublinajes de Ómicron (LF.7 y LP.8.1.2). En Argentina, los análisis de vigilancia genómica más recientes muestran que esta subvariante ya representa casi el 30 % de los casos secuenciados entre las semanas epidemiológicas 29 y 36 de 2025. De hecho, se la ubica como una de las cepas de mayor expansión dentro de los linajes Ómicron que circulan actualmente en el país.
El avance de XFG no se limita a la Argentina. En el Reino Unido, por ejemplo, esta cepa habría pasado de ser responsable del 10 % de los casos en mayo a cerca del 40 % en junio, convirtiéndose en una de las dominantes en poco tiempo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha clasificado como “variante bajo monitoreo” (VUM), pues aunque su crecimiento es notable, por ahora no existe evidencia clara de que provoque una enfermedad más grave que las variantes existentes.
Los síntomas asociados a la variante “Frankenstein” no se diferencian radicalmente de los de otros linajes de COVID-19, aunque destaca la aparición frecuente de ronquera o disfonía como signo distintivo. Se suman los síntomas clásicos como fiebre, dolor de garganta, tos seca, fatiga y malestar general. Hasta ahora, no se han reportado aumentos significativos en hospitalizaciones o mortalidad atribuibles directamente a XFG.
Ante este escenario, los expertos y autoridades sanitarias insisten en que la vacunación continúa siendo la mejor defensa frente al COVID-19. Además, remarcan la importancia de mantener el monitoreo genómico para detectar a tiempo posibles mutaciones con impacto mayor.También se recomienda reforzar las medidas de prevención (uso de mascarillas en ambientes cerrados, ventilación, aislamiento ante síntomas) para contener la circulación de esta nueva subvariante.

