El Santos conocido por ser la cuna de leyendas como Pelé y Neymar Jr, sufrió su primer descenso en 111 años de existencia. La derrota en casa ante Fortaleza (1-2) en la última jornada del Brasileirao marcó el fin de una era para el «Peixe».
La inesperada caída a la segunda categoría fue sellada por la victoria del Bahía por 4-1 sobre el Atlético Mineiro y el triunfo 2-1 del Vasco Da Gama de Ramón Díaz ante Bragantino. Tras el pitido final, el estadio Vila Belmiro se convirtió en un escenario de desolación y enfado. Los aficionados intentaron invadir el campo, arrojaron objetos y los jugadores locales no pudieron ocultar su decepción.
Tras el descenso, el enojo de los seguidores se trasladó a disturbios y enfrentamientos con la policía fuera del estadio. Se reportaron al menos cuatro autobuses incendiados y vehículos dañados en las inmediaciones. Stiven Mendoza, delantero colombiano del Santos, fue uno de los afectados, encontrando su coche completamente quemado. Otros vehículos afectados pertenecían al equipo de dopaje de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).
El sitio deportivo O Globo informó que la Policía Militar utilizó gas pimienta para dispersar a los simpatizantes. La calle Rua Princesa Isabel fue aislada por la Policía Antidisturbios, pero los hinchas continuaron lanzando objetos a las fuerzas de seguridad.
En el aspecto deportivo, la caída del Santos a la segunda categoría marca un hito en la historia del fútbol sudamericano. El Peixe era uno de los pocos equipos grandes del continente que no había descendido, y su descenso desató una noche de violencia y caos que quedará marcada en la memoria del fútbol brasileño.

