El almacenamiento de huevos en el hogar se convirtió en motivo de alerta entre especialistas en seguridad alimentaria, quienes advierten que una práctica cotidiana podría aumentar el riesgo de contaminación y enfermedades. Se trata de un hábito extendido: lavar los huevos antes de guardarlos en la heladera, una acción que, lejos de mejorar la higiene, puede resultar contraproducente.
Según investigaciones recientes y recomendaciones de organismos internacionales, este procedimiento elimina la cutícula, una capa natural que recubre la cáscara y actúa como barrera protectora frente a bacterias como la salmonella. Al desaparecer esta protección, los poros del huevo quedan expuestos y facilitan el ingreso de microorganismos, incrementando el riesgo de intoxicaciones alimentarias.
Especialistas señalan que incluso el agua utilizada en el lavado puede empeorar la situación, ya que puede penetrar la cáscara y arrastrar bacterias hacia el interior del alimento. Además, la manipulación incorrecta favorece la contaminación cruzada en la cocina, lo que eleva aún más el peligro sanitario, especialmente si no se mantienen medidas adecuadas de higiene y refrigeración.
Ante este escenario, las recomendaciones son claras: evitar lavar los huevos antes de almacenarlos, limpiarlos en seco si presentan suciedad y refrigerarlos en su envase original para mantener una temperatura estable. Los expertos coinciden en que una correcta manipulación, junto con la cocción adecuada, es clave para reducir riesgos y garantizar la seguridad alimentaria en el hogar.

