El Gobierno nacional busca reducir la tensión diplomática con Brasil luego de los cuestionamientos de Javier Milei contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Desde la Casa Rosada aseguraron que las diferencias entre ambos mandatarios son políticas e ideológicas, pero remarcaron que la Argentina no pretende afectar la relación institucional, comercial ni diplomática con el país vecino.
Los dichos que originaron la crisis
El conflicto se desató durante la visita de Milei a San Pablo, donde participó de la presentación de Flávio Bolsonaro como candidato presidencial. En ese contexto, el mandatario argentino calificó a Lula de “ladrón” y “presidiario”, además de lanzar fuertes críticas contra el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Brasil consideró las declaraciones una afrenta directa y llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli.
Pese al malestar expresado por el gobierno brasileño, el Ejecutivo argentino decidió no responder con nuevas medidas diplomáticas, descartar el envío de una nota de protesta y esperar que el enfrentamiento pierda intensidad. El vocero presidencial, Adrián Ravier, sostuvo que las disputas ideológicas no deberían trasladarse al vínculo entre dos países que mantienen una estrecha relación económica.
Primeras señales de distensión
El canciller argentino Pablo Quirno descartó una ruptura de las relaciones y evitó profundizar los cruces. Desde Itamaraty también indicaron que Bitelli regresará a Buenos Aires, aunque todavía no se estableció una fecha. La posible restitución del embajador aparece como la primera señal concreta para comenzar a recomponer un vínculo atravesado por las diferencias personales entre Milei y Lula.

