El indicador de riesgo país de la Argentina, medido por la consultora JP Morgan, se consolidó en la zona de los 800 a 830 puntos básicos. El salto refleja una nueva oleada de aversión al riesgo global y presiones sobre los activos soberanos locales, alcanzando niveles que no se registraban desde fines de octubre del año anterior.
El incremento en el diferencial de tasa se dio en simultáneo con un marcado deterioro en la cotización de los bonos en dólares y los ADR de empresas argentinas en Nueva York. La volatilidad internacional, sumada a la cautela de los fondos de inversión internacionales ante los acontecimientos políticos en la región y la incertidumbre en los mercados desarrollados, impulsó las ventas de títulos públicos y arrastró al alza la prima de riesgo soberano.
En el mercado cambiario doméstico, el comportamiento financiero también sumó tensión debido a la constante demanda de divisas y la persistente atención sobre la acumulación de reservas por parte del Banco Central. Este marco macroeconómico dificulta el acceso de las empresas locales al crédito externo en condiciones favorables y posterga la aspiración del Gobierno de regresar a los mercados voluntarios de deuda.
Frente a este escenario, los analistas financieros coinciden en que la volatilidad continuará marcando la pauta de las próximas ruedas bursátiles. La mirada de los inversores permanece atenta al cumplimiento de las metas fiscales, la evolución de los ingresos de divisas y las definiciones de la política monetaria local en un contexto donde e

