Las calles de Milán, Italia, se convirtieron en el epicentro de intensas protestas en torno a los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, que comenzaron oficialmente esta semana. Manifestantes agrupados bajo diversas consignas —desde críticas al impacto medioambiental y económico de los Juegos hasta el rechazo a la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense (ICE) y a la participación de delegaciones como la de Israel— marcharon por la ciudad y protagonizaron enfrentamientos con la policía. Las protestas se dieron tanto en las inmediaciones de sedes olímpicas como en plazas y arterias céntricas de Milán.
El sábado pasado, una marcha de miles de personas terminó con choques entre manifestantes y fuerzas antidisturbios, que respondieron con gas lacrimógeno, cañones de agua y cargas policiales cuando algunos grupos intentaron romper los cordones y acercarse a zonas estratégicas como la autovía o el Santa Giulia Arena. Según medios italianos, al menos cinco personas fueron detenidas tras estos incidentes, que incluyeron el lanzamiento de fuegos artificiales, piedras y objetos contra los agentes.
El malestar social no se limita a cuestiones deportivas: los organizadores de las protestas, entre ellos el denominado Comité Olimpiadas Insostenibles, denunciaron la crisis de vivienda, los altos costos y el impacto ecológico de las obras olímpicas, además de expresar rechazo por la presencia simbólica de ICE y la posición de algunas delegaciones nacionales, que incluso fue abucheada durante la ceremonia inaugural. Estas tensiones reflejan un descontento más amplio con las prioridades del evento frente a problemáticas locales y globales.
La reacción de las autoridades ha sido dura. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, calificó a quienes participaron en las protestas violentas como “enemigos de Italia” por obstaculizar, a su juicio, la imagen del país anfitrión y el normal desarrollo de los Juegos. A pesar de la presencia reforzada de seguridad y los llamados a la calma, la cobertura mediática de los enfrentamientos y los debates políticos vinculados a las protestas han ensombrecido parte de la atención internacional sobre los eventos deportivos que se disputan en el norte de Italia.

