Cada año, entre el 24 de octubre y el 11 de noviembre, se celebra el Día Mundial del Origami, una festividad dedicada a este arte milenario que transforma simples hojas de papel en figuras llenas de significado. La elección del período conmemorativo responde al nacimiento de Lillian Oppenheimer, fundadora del primer grupo de origami en Estados Unidos, y al 11 de noviembre, día en que Japón rinde homenaje a esta disciplina con la figura de la grulla como símbolo de paz.
El origami —palabra japonesa que une los términos oru (doblar) y kami (papel)— es una expresión artística que fomenta la amistad, la concentración y la creatividad, uniendo a personas de todo el mundo a través del acto pacífico de plegar. Sus orígenes se remontan a la China del siglo I, aunque se integró en la tradición japonesa durante el siglo VI. Desde entonces, ha evolucionado desde un pasatiempo reservado a las élites hasta convertirse en una práctica accesible y educativa que atraviesa fronteras.
A lo largo de la historia, el origami ha inspirado avances más allá del arte. Sus principios se aplican en la exploración espacial, en la medicina y en el diseño industrial, gracias a su capacidad de compactar y expandir estructuras complejas. Además, esta disciplina estimula la destreza manual, la concentración y la resolución lógica de problemas, lo que la convierte en una herramienta valiosa en ámbitos educativos y terapéuticos.
En 2025, la comunidad internacional del origami invita a “hacer que el mundo se doble” organizando actividades, talleres y clases virtuales en todo el planeta. En el sitio oficial de OrigamiUSA, se ofrecen 19 días de cursos en línea con instructores de distintos países, donde aficionados y expertos podrán compartir la magia de transformar un papel en arte, reafirmando el espíritu de paz y creatividad que define esta práctica ancestral.

