El pasado 20 de septiembre, el príncipe heredero de Arabia Saudí, Muhammad bin Salman, expresó su satisfacción ante la posibilidad de un acuerdo estratégico entre su país, Estados Unidos e Israel. Esta declaración se suma a la confirmación del Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 22 de septiembre, quien afirmó que estaban en la «cúspide» de este pacto, que describió como un «salto cuántico».
Las relaciones diplomáticas formales entre Arabia Saudí y Israel han sido esquivas durante mucho tiempo. Sin embargo, los incentivos para llegar a un acuerdo se han intensificado. Arabia Saudí busca una alianza estratégica más formal con Estados Unidos, en parte debido a la creciente preocupación por el programa nuclear iraní. En este sentido, los dos países mantienen una relación en materia de seguridad, pero el reino quiere un pacto de defensa más formal, entre otras cosas porque la intensificación del programa nuclear iraní significa que está a punto de tener armas nucleares.
A pesar de estos avances, existen obstáculos internos significativos. En Arabia Saudí, solo el 2% de los jóvenes apoya la normalización de relaciones con Israel, lo que refleja la importancia de la cuestión palestina en la opinión pública saudí. Las conversaciones entre saudíes y palestinos se están intensificando, lo que sugiere un esfuerzo por abordar esta preocupación.
Por otro lado, en Israel, un acuerdo de este tipo podría desencadenar una conmoción política, ya que la coalición de Netanyahu incluye partidos que se oponen a cualquier concesión a los palestinos. La aceptación de ciertas demandas palestinas podría socavar su gobierno.
El éxito del acuerdo también depende de la capacidad de Joe Biden para venderlo en su país, ya que enfrenta la desconfianza de algunos estadounidenses preocupados por la proliferación nuclear en la región y las preocupaciones sobre los derechos humanos en Arabia Saudí.

