La esclerosis múltiple se produce cuando se lesiona el material que protege a las neuronas. Se trata de un trastorno del sistema nervioso y puede presentarse con el síntoma de una visión borrosa o doble visión, distorsión del color rojo-verde o incluso ceguera en un ojo. Se la conoce como “la enfermedad de las mil caras” porque cada paciente puede tener síntomas muy diferentes. Pero cuáles son los factores que llevan a la lesión en las vainas que rodean a las neuronas es una de las preguntas que desafían a la investigación en neurociencias hoy. Una de las respuestas está en el intestino.
Se considera que el sistema inmune de la persona produce una reacción errónea que termina alterando al cerebro y a la médula espinal. En ese proceso, hay un factor que está
recibiendo más atención. Es la colección de microorganismos, como las bacterias, que viven en el intestino, es decir, la microbiota intestinal, y tras ese cambio de mirada, la dieta que se ingiere diariamente pasó a tener un valor diferente en relación con la salud y las enfermedades.
“Durante los últimos diez años explotaron los estudios sobre la microbiota. El rol de las bacterias del intestino en relación con el desarrollo de la esclerosis múltiple está siendo muy estudiado”, dijo por videollamada a Infobae el investigador argentino Sergio Baranzini, quien lidera un laboratorio en el Instituto para las Neurociencias Weill, del Departmento de Neurología de la Universidad de California en San Francisco, Estados Unidos.
Junto con Jorge Correale, del Fleni en Argentina, y Reinhard Hohlfeld, de la Universidad Ludwig Maximilian de Alemania, el científico Baranzini acaba de publicar un artículo de revisión en la revista Nature Reviews Neurology sobre qué se sabe (y qué no entiende aún), sobre el rol de la microbiota en la esclerosis múltiple.
“Hay diferentes estudios publicados. En uno de esos trabajos demostramos que la microbiota es diferente en los pacientes con la enfermedad en comparación con personas que no la tienen. Cuando analizamos muestras en el laboratorio, hemos encontrado que el tipo de bacterias que tienen los pacientes con esclerosis múltiple tienen un perfil pro-inflamatorio, es decir, contribuyen a la inflamación, que podría ser una situación que influye en la respuesta del sistema inmune y en el desarrollo de la enfermedad. En general, en la esclerosis múltiple hay inflamación sostenida”, explicó el doctor Baranzini.
También hubo un estudio en Alemania, liderado por Gurumoorthy Krishnamoorthy y en el que también Baranzini colaboró, que examinó 34 parejas de gemelos idénticos que tenían entre 21 y 63 años. Sólo uno de los gemelos tenía esclerosis múltiple. Se trasplantó microbiota derivada de los gemelos a ratones susceptibles de un modelo de enfermedad similar en humanos. Y se observó que los ratones que recibieron trasplantes de pacientes con esclerosis múltiple tuvieron una mayor incidencia de enfermedad que los que recibieron trasplantes de donantes sanos.
Ahora los investigadores están tratando de aclarar cuáles son los mecanismos que hacen que el tipo de microbiota pueda hacer que una persona sea más susceptible a desarrollar la enfermedad. También quieren saber si la microbiota pueda modificar la evolución de la enfermedad después que las personas ya han sido diagnosticadas. “En nuestra revisión detallamos los diferentes mecanismos que se postulan hoy sobre cómo la microbiota del intestino influye en la respuesta inmune alterada y a su vez se puede afectar al cerebro”, acotó Baranzini.
Uno de los mecanismos posibles es que la composición de la microbiota influya en la producción de serotonina en el intestino. La serotonina es una sustancia que el organismo humano produce naturalmente.
“Se estima que el 90% de la serotonina se produce en un grupo de células del intestino. La serotonina posee diferentes tipos de receptores, algunos de los cuales se localizan en las células del sistema inmune. Por lo cual la serotonina puede actuar no solo como un neurotransmisor sino también regulando la función inmune. De esta manera, la serotonina intervendría en procesos que favorecen la inflamación o en otros que la controlan”, explicó
“Sabemos por investigaciones anteriores que hay factores genéticos que predisponen a la esclerosis múltiple: son variaciones en el genoma. Pero no explican la totalidad de los casos de esclerosis múltiple. Por eso, se apunta a tener en cuenta los factores ambientales, como el lugar donde se vive, las infecciones previas, y ahora también sabemos que la microbiota influye de alguna manera. Se sospecha que los cambios en la dieta, con más productos procesados y ultraprocesados, han tenido algún impacto en que haya aumentado la incidencia de esclerosis múltiple en el mundo. En países de Asia que han adoptado más la dieta Occidental se está observando un mayor número de casos de personas con esclerosis múltiple”, señaló Baranzini.
Según la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple, hay 2,8 millones de personas que viven con la enfermedad en el mundo. “La prevalencia de la esclerosis múltiple ha aumentado en todas las regiones del mundo desde 2013, pero siguen existiendo diferencias en las estimaciones”, según Peer Baneke y sus colaboradores en un trabajo publicado en 2020. La edad media de diagnóstico es de 32 años. Las mujeres tienen el doble de probabilidades de desarrollar esclerosis múltiple que los hombres.

