El próximo domingo 19 de noviembre marcará la segunda vuelta de las elecciones 2023 en Argentina, donde se decidirá quién será el próximo presidente para el período 2023-2027. Con un escenario ajustado según las encuestas, la incertidumbre se centra en el destino de los votos de los indecisos, especialmente en relación con los votos en blanco.
Los votos en blanco, catalogados como válidos por la Cámara Nacional Electoral (CNE), representan la manifestación del electorado al abstenerse de elegir entre las propuestas en el sistema legal de sufragio. Al optar por el voto en blanco, los votantes expresan su desacuerdo tanto con los candidatos como con las propuestas de los partidos políticos.
La Constitución Nacional de 1994 establece que, en el balotaje, solo se contabilizan los votos afirmativos válidamente emitidos. En este contexto, los votos en blanco no son tenidos en cuenta en el porcentaje final; solo se consideran los votos emitidos a favor de las boletas válidas.
En un ejemplo, si una fórmula obtuvo 6 votos, la otra 4, y hubo 5 votos en blanco, el resultado se calcularía sobre la base de los votos afirmativos, asignando el 60% a la primera fórmula y el 40% a la segunda.
En las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), la dinámica es diferente. Los votos en blanco se suman al total de sufragios de las diferentes listas, contribuyendo al porcentaje final. En el mismo ejemplo, la primera fórmula obtendría el 40%, la segunda el 26,66%, y los votos en blanco representarían el 33,33%.
Con el desenlace de la segunda vuelta a la vuelta para el día de mañana, la atención se centra en cómo estos diversos elementos influirán en el resultado final y en la configuración del próximo gobierno argentino.

