El respaldo financiero brindado por Estados Unidos otorgó un respiro al Gobierno argentino en medio de la crisis cambiaria. Tras semanas de fuerte tensión luego de las elecciones bonaerenses, el dólar logró estabilizarse y los mercados bursátiles mostraron una recuperación significativa. Sin embargo, la nueva calma transita en un marco de alta vulnerabilidad política y económica que mantiene en vilo a los inversores.
En los últimos días, los activos argentinos tuvieron una marcada mejora: los ADR treparon en promedio un 14% y los bonos en dólares avanzaron hasta un 25%. Aun así, las pérdidas acumuladas en lo que va del año son profundas y el riesgo país, aunque retrocedió desde los 1.500 hasta los 1.000 puntos básicos, permanece muy por encima de los niveles de inicio de 2025. La señal es clara: la confianza internacional no se ha recuperado por completo.
El desafío principal del Gobierno de Javier Milei radica ahora en acumular reservas y sostener el tipo de cambio, con vencimientos de deuda que superan los USD 6.000 millones hasta enero de 2026. A ello se suman metas fiscales exigentes, como el superávit primario del 1,5% del PBI previsto en el Presupuesto 2026, amenazado por menores ingresos tras la eliminación temporal de retenciones al agro. Los analistas advierten que, sin avances en estos frentes, la estabilidad cambiaria difícilmente se sostenga.
En este contexto, el factor político gana peso de cara a las elecciones legislativas del 26 de octubre. Aunque se prevé que La Libertad Avanza incremente su representación, necesitará acuerdos amplios para aprobar reformas clave en el Congreso. La economía argentina atraviesa un delicado equilibrio en el que los apoyos externos pueden mitigar la incertidumbre coyuntural, pero el rumbo de mediano plazo dependerá de decisiones políticas y fiscales aún pendientes.

