La adopción de una dieta equilibrada podría resultar sumamente útil reducir el acné, ya que mejorar sus hábitos alimenticios serviría para prevenir brotes.
Dentro de las mejoras más comunes en la «dieta antiacné» se encuentra la reducción o eliminación del consumo de grasas trans y saturadas, azúcares, golosinas y productos lácteos, haciendo hincapié en evitar alimentos con carga glucémica alta.
En este sentido, expertos aconsejan evitar los productos lácteos debido a sus precursores de testosterona que pueden contribuir a la producción de sebo, así como el pan y la bollería industrial que desequilibran los niveles de glucosa, los embutidos y alimentos prefabricados que contienen grasas saturadas y aditivos químicos.
A su vez, los productos con cafeína que pueden causar alteraciones hormonales, el consumo excesivo de yemas de huevo que liberan sebo en la piel y, finalmente, las carnes rojas que ralentizan la digestión y liberan compuestos ácidos que pueden provocar acné.
En contraste, una dieta para el acné debe incluir alimentos con propiedades que ayuden a disminuir la presencia de granos y sebo. Algunas opciones saludables recomendadas son sandía, pomelo, tomates, espinacas, aguacate, zanahorias, pescado azul, aceite de oliva, cereales integrales, lácteos desnatados y frutos secos en porciones moderadas

