El financiamiento en pesos destinado al sector privado volvió a retroceder durante julio. Aunque el stock total alcanzó los $104,1 billones y presentó una suba nominal mensual del 1%, el incremento no logró compensar una inflación estimada cercana al 2%. En términos reales, los créditos cayeron 1% frente a junio y 1,3% en la comparación interanual.
Menos consumos financiados con tarjetas
Las tarjetas de crédito registraron el deterioro más pronunciado: su saldo descendió 1,7% incluso en términos nominales, hasta ubicarse en $24,8 billones. Al descontar la inflación, la caída fue del 3,7% mensual y del 9,8% interanual, debido a que durante julio los pagos realizados por los usuarios superaron a los nuevos consumos financiados.
Los préstamos personales, por su parte, alcanzaron un stock de $21,5 billones, con un avance nominal del 1,3%. Sin embargo, retrocedieron 0,7% mensual y 5,4% interanual en términos reales, acumulando diez meses consecutivos sin conseguir superar el avance de los precios.
La morosidad condiciona el acceso al crédito
El informe de First Capital Group señaló que las entidades financieras están concentrando sus esfuerzos en recuperar y refinanciar las deudas de clientes morosos, antes que en ampliar el otorgamiento de nuevos préstamos o aumentar los límites disponibles en las tarjetas. Este escenario refleja una mayor cautela del sistema financiero frente a las dificultades de pago de las familias.
Los créditos hipotecarios fueron la única excepción: crecieron 2,3% mensual en términos reales y alcanzaron un saldo de $8,2 billones. En contraste, los préstamos prendarios también retrocedieron, mientras que el financiamiento en dólares continuó expandiéndose, principalmente por la demanda de empresas y comercios.

