Argentina ha dejado de importar gas desde Bolivia, poniendo fin a un acuerdo que se mantuvo por más de dos décadas. Esta decisión marca un cambio significativo en la política energética del país, que comenzó su vínculo con Bolivia en la década de 1970, pero que se profundizó en los últimos 20 años. Este avance está acompañado por el desarrollo de nuevas obras de infraestructura y el fortalecimiento de Vaca Muerta, la principal reserva de gas no convencional del país.
El jueves, se inaugurará el proyecto de reversión del Gasoducto Norte, una obra clave para asegurar el abastecimiento de gas a las provincias del norte argentino. Este proyecto, financiado con una inversión cercana a los 740 millones de dólares, permitirá que el gas producido en Vaca Muerta llegue a provincias como Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, reduciendo la dependencia del gas importado.
Gracias a esta iniciativa, a partir de este mes, los usuarios residenciales, las estaciones de servicio de GNC y las industrias del norte del país comenzarán a abastecerse con gas de producción local. Esta medida no solo mejora la soberanía energética, sino que también reduce los costos, ya que el precio promedio del gas producido en Argentina es significativamente menor que el del gas importado desde Bolivia.
De cara a 2025, se espera que el precio promedio del gas nacional se mantenga estable en torno a los 4,10 millones de dólares por millón de BTU, lo que representaría una reducción del 14% en comparación con el costo actual. Este descenso sería posible gracias a la reducción de las importaciones de gas y a la consolidación de Vaca Muerta como fuente principal de abastecimiento energético para el país.

