El sedentarismo, definido como la falta de actividad física suficiente, se ha convertido en un problema alarmante a nivel mundial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 25% de los adultos y más del 80% de los adolescentes no cumplen con las recomendaciones mínimas de actividad física, lo que los expone a enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, osteoporosis y ciertos tipos de cáncer.
La situación es especialmente crítica en países de ingresos altos, donde la inactividad física ha aumentado un 5% entre 2001 y 2016. Este fenómeno afecta tanto a niños como a adultos: el 81% de los adolescentes de entre 11 y 17 años no realiza suficiente ejercicio, y en los niños de 5 a 17 años, se recomienda dedicar al menos 60 minutos diarios a actividades moderadas o intensas.
La OMS subraya los beneficios de mantener una vida activa, que van desde mejorar la salud cardiorrespiratoria y ósea hasta reducir el riesgo de depresión y enfermedades graves como el cáncer. Para combatir el sedentarismo, propone estrategias adaptadas a cada grupo de edad, incluyendo actividades aeróbicas, fortalecimiento muscular y ejercicios de equilibrio, enfatizando que no es necesario asistir a gimnasios para cumplir con estas recomendaciones.
Promover el bienestar físico es un desafío global que requiere compromiso individual y colectivo para prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida en todas las etapas.

