En medio de un clima de fuerte tensión social, el Gobierno nacional justificó la violenta represión contra la marcha en defensa de los jubilados, alegando que se trató de un intento de golpe para desestabilizar la gestión. La brutal intervención de las fuerzas de seguridad dejó un saldo de 150 detenidos, numerosos heridos y al fotoperiodista Pablo Grillo en estado crítico. Desde el Ejecutivo, el jefe de gabinete, Guillermo Francos, afirmó que existen «movimientos que apuntan a voltear al Gobierno», mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, aseguró que los manifestantes eran «una mafia financiada por sectores políticos».
Bullrich insistió en que la movilización no se limitó a los jubilados, sino que «se sumaron sectores de izquierda y grupos violentos» con la intención de generar caos. Además, sostuvo que los manifestantes portaban «armas de fuego, armas blancas y miguelitos» para atacar a las fuerzas policiales, aunque en las últimas horas se difundieron videos en los que se observa a efectivos plantando armas en la escena. La ministra aseguró que el operativo contó con la participación de todas las fuerzas federales y destacó que «se actuó con firmeza para evitar desmanes».
Por su parte, el vocero presidencial, Manuel Adorni, respaldó la versión oficial y acusó a la izquierda de promover «violencia, criminalidad e infantilismo intelectual». A través de sus redes sociales, compartió imágenes de piedras en la entrada de la Casa Rosada, asegurando que fueron utilizadas para atacar la sede del Ejecutivo. En su publicación, lamentó que se hayan usado «las piedras que recordaban a los fallecidos por la pandemia» en un supuesto acto de vandalismo.
Mientras tanto, el presidente intentó victimizarse compartiendo en la red social X una imagen de una pintada en la Plaza de Mayo con la frase «Hay que matar al Presidente», señalando que los manifestantes «no respetan la democracia». Sin embargo, evitó referirse directamente a la represión y, en cambio, se mostró distendido en un encuentro con el economista Nouriel Roubini. Mientras tanto, en las calles, el descontento popular se hizo sentir con un masivo cacerolazo en repudio a la violenta acción policial.

