Más de la mitad de los niños y adolescentes en Argentina vive en la pobreza, de acuerdo con un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA). En 2025, el indicador alcanzó el 53,6%, mientras que la indigencia descendió al 10,7%, mostrando una leve mejora respecto a años anteriores. Sin embargo, el estudio advierte que estos avances no logran revertir un problema de fondo que se arrastra desde hace tiempo.
La evolución de los datos refleja que la pobreza infantil tuvo altibajos en los últimos años, con picos durante las crisis económicas y descensos en etapas de recuperación. Aun así, los niveles actuales siguen siendo superiores a los de una década atrás, lo que confirma una tendencia estructural. Para los especialistas, la baja reciente no debe interpretarse como una solución definitiva.
En paralelo, casi 3 de cada 10 niños atraviesan situaciones de inseguridad alimentaria, y dentro de ese grupo, una parte importante sufre condiciones severas. Esta situación se concentra especialmente en los sectores más vulnerables. Al mismo tiempo, la asistencia alimentaria alcanzó niveles récord, lo que evidencia una creciente dependencia de comedores y programas sociales.
El informe también expone otras carencias que afectan la calidad de vida: uno de cada cinco niños dejó de atender su salud por motivos económicos, y muchos viven en condiciones habitacionales deficientes o sin acceso adecuado a servicios básicos. Aunque las políticas de asistencia llegan a una parte de la población, no cubren a todos los que las necesitan, por lo que especialistas coinciden en que mejorar el empleo y los ingresos de los hogares es clave para reducir la pobreza infantil de manera sostenida.

