Los primeros signos de la perimenopausia —la etapa previa a la menopausia— suelen aparecer de forma gradual y muchas veces pasan desapercibidos. Se trata de un proceso natural en el que las hormonas, especialmente el estrógeno, comienzan a fluctuar, generando cambios físicos y emocionales en el cuerpo femenino incluso varios años antes del cese definitivo de la menstruación.
Uno de los indicios más tempranos y frecuentes es la irregularidad en el ciclo menstrual. Los períodos pueden volverse más cortos o más largos, con variaciones en el flujo o incluso ausencias ocasionales, debido a que la ovulación se vuelve impredecible. Este suele ser el primer aviso de que el organismo está entrando en una nueva etapa reproductiva.
A estos cambios se suman síntomas físicos como los sofocos, sudoraciones nocturnas y problemas de sueño. Muchas mujeres también comienzan a notar sequedad vaginal o molestias urinarias, producto de la disminución progresiva de estrógenos. Incluso sin sofocos, pueden aparecer alteraciones en los patrones de descanso, generando fatiga o sensación de cansancio persistente.
En el plano emocional, la perimenopausia también puede manifestarse con cambios de humor, irritabilidad o mayor tendencia a la ansiedad y la depresión. Estas señales, junto con una posible disminución de la fertilidad y cambios en la libido, forman parte de un conjunto de síntomas que varían en intensidad según cada mujer, por lo que reconocerlos a tiempo es clave para consultar con profesionales y transitar esta etapa con mejor calidad de vida.

