La escalada del conflicto en Medio Oriente generó en los últimos días una fuerte suba del precio del petróleo, lo que reavivó la preocupación por una posible crisis energética global. El barril de crudo volvió a superar los 100 dólares, impulsado por los enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán y el temor a interrupciones en el suministro internacional.
Uno de los principales focos de tensión es el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. La posibilidad de bloqueos o ataques a infraestructuras energéticas elevó la incertidumbre en los mercados, que reaccionaron con subas inmediatas en los precios ante el riesgo de escasez.
La situación ya impacta en la economía global. Analistas advierten que un petróleo por encima de los 100 dólares puede acelerar la inflación y frenar el crecimiento económico, obligando a los bancos centrales a revisar sus políticas de tasas de interés. Además, los combustibles comenzaron a encarecerse en distintos países, trasladando el efecto al consumo cotidiano.
En respuesta a este escenario, las principales potencias evalúan medidas para contener la crisis, como la liberación de reservas estratégicas de crudo. Sin embargo, especialistas coinciden en que se trata de soluciones temporales y que la estabilidad del mercado energético dependerá de una desescalada del conflicto geopolítico, que por ahora sigue sin un horizonte claro.

