Un reciente estudio publicado en PLOS Biology ha identificado cinco patrones distintos de sueño —o perfiles del descanso— que se relacionan con diferentes rasgos emocionales, cognitivos y conductuales.Mientras algunos individuos disfrutan de un sueño resistente (sleep resilience), otros experimentan un descanso pobre o fragmentado, lo que parece asociarse con mayores niveles de depresión, ansiedad y dificultades para procesar emociones.
Estos perfiles van más allá de la simple duración del sueño e incorporan calidad, interrupciones nocturnas, uso de fármacos para dormir y conexiones cerebrales específicas. Por ejemplo, aquellos con un perfil de “sueño pobre global” reportan mayor insatisfacción al dormir y más síntomas emocionales negativos, mientras que quienes dependen de somníferos pueden mostrar alteraciones en el reconocimiento emocional o en la memoria.
Este avance es consistente con estudios previos que sostienen una relación bidireccional entre sueño y salud mental: no solo que las dificultades para dormir afectan al humor, la ansiedad y la memoria, sino que trastornos mentales también pueden perturbar el sueño.De hecho, la fragmentación del descanso, las interrupciones nocturnas o la escasa eficiencia al dormir han sido señaladas como factores de riesgo para trastornos como depresión, ansiedad e incluso conductas suicidas.
Ante estos hallazgos, los especialistas urgieron a promover una “higiene del sueño” integral: mantener horarios regulares, reducir estímulos antes de dormir, evitar consumo excesivo de pantallas por la noche y tratar con profesionales los trastornos del sueño que pudieran estar presentes. Ello permitiría no solo mejorar la calidad del descanso, sino también prevenir o mitigar el impacto negativo sobre la salud mental en la población.

