La ozonoterapia, un tratamiento que consiste en la aplicación de ozono medicinal con fines terapéuticos, se consolida como una opción segura y efectiva para tratar dolencias crónicas, especialmente en el aparato locomotor. En Argentina, su desarrollo comenzó a fines de los años 80, impulsado por profesionales que se capacitaron en Europa. Entre ellos se destacó el doctor Francisco Bacchetta, quien en 1995 cofundó la Asociación Argentina del Ozono (Adelo), pionera en capacitación e investigación sobre esta práctica.
Según explica la médica María Gabriela Esquibel, especialista en medicina crítica y docente de Adelo, el procedimiento se basa en generar una mezcla de oxígeno y ozono mediante una descarga eléctrica controlada. Esta mezcla puede aplicarse de múltiples formas —desde infiltraciones y autovacunas hasta vías endovenosa o rectal— dependiendo de la afección y el paciente. Sus beneficios abarcan desde la disminución del dolor crónico y la inflamación hasta la mejora en la oxigenación y el equilibrio del sistema inmunológico.
La técnica ha mostrado eficacia en el tratamiento de diversas patologías como artritis, artrosis, tendinopatías, fascitis, hernias de disco, y también en enfermedades dermatológicas, respiratorias, digestivas y ginecológicas. Incluso, algunos profesionales como el médico Gastón Espinet han comenzado a incorporarla en tratamientos de rehabilitación y dolor crónico, destacando que es una terapia “segura, sin efectos adversos relevantes y con resultados positivos sostenidos”.
Además de su poder analgésico y germicida, la ozonoterapia también es aplicada en medicina estética, oncología, odontología y hasta en el abordaje integral de niños con trastorno del espectro autista. Especialistas como Esquibel sostienen que se trata de una técnica mínimamente invasiva, que no requiere reposo posterior, y que representa una alternativa valiosa frente a los límites de la medicina farmacológica convencional.

