La alimentación infantil suele estar rodeada de consejos familiares, creencias populares y recomendaciones que se transmiten de generación en generación, pero no todas cuentan con respaldo científico. Especialistas advierten que una dieta saludable durante la infancia no depende de alimentos “milagrosos” ni de prohibiciones extremas, sino de lograr variedad, equilibrio y moderación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que los hábitos adquiridos durante los primeros años pueden mantenerse hasta la edad adulta y recomienda priorizar frutas, verduras, cereales integrales y otras fuentes nutritivas, mientras se limita el consumo de productos con exceso de azúcar, sal y grasas.
Uno de los mitos más extendidos sostiene que los niños deben terminar siempre todo lo que hay en el plato. Sin embargo, la Academia Americana de Pediatría (AAP) aconseja evitar las peleas alrededor de la comida y permitir que los chicos aprendan a reconocer sus propias señales de hambre y saciedad. También es frecuente que entre los 2 y los 4 años aparezca una etapa de mayor selectividad alimentaria: rechazar verduras o querer comer repetidamente los mismos alimentos no significa necesariamente que exista un problema nutricional. La recomendación es continuar ofreciendo opciones variadas, sin obligarlos ni convertir cada comida en una negociación.
Otra creencia habitual es que un vaso de jugo equivale a comer una fruta. La evidencia indica que no son nutricionalmente iguales: la fruta entera aporta fibra y genera mayor saciedad, mientras que incluso los jugos 100% naturales concentran azúcares y deben consumirse con moderación. La AAP directamente desaconseja ofrecer jugos a menores de un año y recomienda limitar las cantidades en niños mayores. Algo similar ocurre con el azúcar: aunque su consumo excesivo debe reducirse por sus efectos sobre la salud y la calidad de la dieta, tampoco existe evidencia sólida de que comer azúcar por sí mismo provoque hiperactividad o TDAH, otro mito muy difundido entre las familias.
Los especialistas también señalan que “comer saludable” no significa eliminar por completo determinados alimentos, sino construir una alimentación diversa y adecuada para cada etapa del crecimiento. UNICEF alerta especialmente por el avance de bebidas azucaradas, snacks y productos ultraprocesados en la dieta de niños y adolescentes, muchas veces en reemplazo de frutas, verduras, huevos, lácteos, pescado y otras fuentes de nutrientes. Frente a la cantidad de información que circula en redes sociales, pediatras y nutricionistas recomiendan evitar dietas restrictivas sin indicación profesional y consultar ante problemas de crecimiento, rechazo persistente de alimentos o dudas sobre las necesidades nutricionales de cada niño.

