Las agencias de ayuda humanitaria se quedan sin palabras para describir las condiciones en Gaza tras nueve meses de guerra y bloqueo, iniciados después del ataque de Hamas a Israel en octubre. “Condiciones espantosas”, “Hedor insoportable”, “Situación inhumana” son algunos de los epítetos utilizados para ilustrar la situación desesperada de los 2.200.000 de habitantes de la Franja.
Los bombardeos israelíes han dejado un alto grado de destrucción, y la imposibilidad de introducir materiales para reparar la infraestructura básica ha obligado a los gazatíes a vivir entre aguas fecales y montañas de basura. Las infecciones y enfermedades fácilmente prevenibles y tratables se han convertido en un problema crónico, agravado por temperaturas que superan los 35 grados y una escasez crítica de agua.
Además, las ratas, escorpiones, moscas, piojos y mosquitos están convirtiendo la existencia en Gaza en un auténtico «infierno en la Tierra», como describe Louise Wateridge, portavoz de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Medio Oriente (UNRWA).
La situación sanitaria es catastrófica. Enfermedades como hepatitis A, sarna, disentería y diarreas agudas son comunes, y las autoridades temen un brote de cólera. El virus de la polio ha sido detectado en muestras de aguas residuales.
A su vez, la destrucción de la infraestructura de agua y saneamiento ha dejado a los habitantes con apenas 4,74 litros de agua diarios por persona, un tercio del estándar mínimo de emergencia. Con el 90% de la población desplazada, muchos sobreviven en refugios precarios, expuestos a condiciones insalubres y la invasión de insectos y parásitos.

