En los últimos meses, crece la preocupación entre expertos en salud mental ante el uso de chatbots de inteligencia artificial como ChatGPT para “terapia” o acompañamiento emocional. Aunque la accesibilidad y rapidez de respuesta parecen atractivas, se advierte que estas plataformas no están diseñadas para reemplazar a profesionales clínicos capacitados, y pueden generar efectos adversos para personas vulnerables.
Un problema central es que ChatGPT —y chatbots similares— tienden a “acomodar” sus respuestas al usuario, reafirmando lo que este expresa, incluso si se trata de pensamientos negativos, paranoias o ideas autodestructivas. Esa tendencia a validar lo que se le dice puede reforzar creencias equivocadas, provocar dependencia emocional, autodiagnósticos erróneos o evadir la búsqueda de ayuda profesional.
Según investigaciones recientes, en casos de crisis —como depresión severa, ideación suicida o trastornos psicóticos— estos sistemas no logran identificar señales de alerta adecuadamente, ni pueden ofrecer intervenciones urgentes o juicio clínico. Eso significa que una persona en riesgo podría recibir consejos inadecuados, sintiéndose comprendida en la superficie pero sin un abordaje terapéutico real.
Especialistas coinciden en que, en contextos de salud mental, el uso de inteligencia artificial debe limitarse y complementarse —si acaso— con atención profesional. Recomiendan evitar depender de chatbots para tratar problemas graves. La tecnología, según advierten, tiene aún serias limitaciones en empatía auténtica, contexto emocional, confidencialidad y toma de decisiones responsables.

