Un reciente informe publicado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard destaca la relevancia de la vitamina K en la salud humana. Aunque menos conocida que otras vitaminas, juega un papel clave en la producción de proteínas necesarias para la coagulación sanguínea y la reparación de huesos y tejidos.
Esta vitamina se considera liposoluble, lo que significa que se disuelve en grasas y se almacena en el hígado, el cerebro, el páncreas y los huesos, donde realiza sus funciones esenciales. Según la Dra. Andrea Rossi, médica hematóloga y jefa del departamento de Hematología de Fundación Favaloro, es crucial obtenerla a través de la alimentación, ya que el cuerpo no puede almacenar reservas de forma significativa.
Existen dos tipos de vitamina K. La filoquinona o K1 se encuentra en verduras de hojas verdes como la espinaca, el kale, la acelga y los coles. La menaquinona o K2, por otro lado, es producida en cantidades muy bajas por las bacterias presentes en el colon.
La misma, desempeña varias funciones en el organismo. Ayuda en la síntesis de proteínas producidas por el hígado, conocidas como factores de coagulación, que son esenciales para prevenir sangrados. Además, promueve la formación de la osteocalcina, una proteína crucial para la salud de los tejidos y las células óseas, lo que garantiza la vitalidad y previene el deterioro de la estructura músculo-esquelética.
Entre los alimentos ricos en vitamina K se encuentran las verduras de hojas verdes como la acelga, la espinaca y el kale, así como el brócoli y los repollitos de Bruselas. Aunque las lechugas y las chauchas contienen vitamina K en menor medida, su inclusión en la dieta puede complementar la ingesta de esta vitamina.También se destaca el kiwi como una fuente adicional de vitamina K.
Cabe señalar que a diferencia de otras vitaminas está no se pierde al cocinar las verduras, por lo que se puede disfrutar de sus beneficios tanto en preparaciones cocidas como crudas.

