Hoy, 30 de agosto de 2025, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, una jornada instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución A/RES/65/209 del 21 de diciembre de 2010 y observada desde el año 2011
Se trata de una fecha clave para visibilizar la problemática global de las desapariciones forzadas, exigir justicia para las víctimas y rendir homenaje a quienes continúan buscando verdad y reparación.
Las desapariciones forzadas constituyen una grave violación de los derechos humanos, definidas por la ONU como arrestos, detenciones o secuestros ejecutados por agentes del Estado (o con su aquiescencia), seguidos de la negativa de revelar el paradero o el destino de la persona, dejándola fuera de la protección de la ley
Cuando estas desapariciones se cometen como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil, son consideradas crímenes de lesa humanidad, lo que implica que no prescriben y que las víctimas tienen derecho a conocer la verdad, recibir reparación y alcanzar justicia
En Argentina, la conmemoración adquiere un profundo sentido histórico y presente. El 30 de agosto también evoca el legado de los casi 30.000 detenidos-desaparecidos de la última dictadura cívico-militar, víctimas de una violencia estatal sistemática
Sin embargo, el fenómeno no pertenece únicamente al pasado: casos como la desaparición de Santiago Maldonado en 2017 y la de Facundo Astudillo Castro en 2020 —cuyos restos fueron hallados el 20 de agosto pasado— son recordatorios dolorosos de que estas violaciones persisten en democracia
La conmemoración impulsa también memorias activas y reclamos actuales, como el del Parque de la Memoria en Buenos Aires: monumento inaugurado en coincidencia con el Día del Detenido-Desaparecido y que alberga miles de nombres grabados para mantener viva la memoria colectiva
Asimismo, el trabajo interdisciplinar en la búsqueda de personas desaparecidas —incluyendo antropología forense, genética, criminalística y el uso de tecnologías como drones y perros olfateadores— reafirma la necesidad de fortalecer capacidades institucionales y cooperativas para atender cada caso con rigor y humanidad

