El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y podría comenzar a mostrar sus efectos más notorios en Jujuy entre la primavera y el verano. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones del Pacífico ecuatorial ya corresponden a una fase cálida y estimó una probabilidad cercana al 100% de que El Niño continúe durante el trimestre agosto-septiembre-octubre. A nivel internacional, la NOAA prevé además que el episodio siga intensificándose hacia finales de 2026.
Sin embargo, el impacto no sería uniforme en toda la provincia. Especialistas que participaron de la Mesa de Clima de Jujuy remarcaron que no corresponde trasladar automáticamente al NOA los efectos esperados para el centro y el Litoral argentino. En la Puna, El Niño puede estar asociado a un déficit todavía mayor de precipitaciones, aumentando los problemas vinculados con la disponibilidad de agua, mientras que en las zonas de menor altura el principal riesgo estaría relacionado con lluvias intensas y concentradas.
En Valles, Yungas y el Ramal, el escenario que más preocupa es la posibilidad de tormentas capaces de descargar grandes cantidades de agua en poco tiempo. Esto podría traducirse en crecidas repentinas de ríos y arroyos, anegamientos, cortes de rutas, daños en infraestructura y complicaciones para las actividades productivas. Las autoridades provinciales consideran que los eventos podrían comenzar a aparecer desde septiembre y adquirir mayor intensidad a partir de diciembre, coincidiendo con la temporada húmeda de Jujuy.
Por este motivo, organismos provinciales comenzaron a revisar canales, cauces, alcantarillas, rutas y sectores históricamente afectados por las crecidas. Los especialistas aclaran que El Niño no significa necesariamente que vaya a llover mucho más durante toda la temporada: uno de los riesgos centrales es que precipitaciones similares a las de otros años se produzcan de forma mucho más concentrada y extrema. En ese escenario, la prevención será especialmente importante en las localidades ubicadas cerca de ríos, quebradas y zonas susceptibles a movimientos de suelo.

