Especialistas en cardiología advirtieron sobre la necesidad de mirar la salud del corazón con un enfoque más amplio, especialmente en personas mayores de 60 años. Además de los factores tradicionales como hipertensión, colesterol alto, diabetes, tabaquismo, obesidad o sedentarismo, ahora señalan que la fragilidad también puede influir de manera decisiva en el riesgo cardiovascular.
El concepto de fragilidad no se relaciona únicamente con la edad cronológica, sino con el estado general de una persona: su fuerza muscular, autonomía, alimentación, cantidad de medicamentos que toma, salud mental y red de apoyo. Según los especialistas, dos personas de la misma edad pueden tener riesgos muy distintos si una mantiene actividad física, independencia y vínculos sociales, mientras otra presenta pérdida de masa muscular, aislamiento o deterioro funcional.
La advertencia apunta principalmente a prevenir cuadros graves como infartos, accidentes cerebrovasculares o insuficiencia cardíaca. En ese sentido, los profesionales remarcan que una persona puede tener la presión o el colesterol controlados, pero aun así mantener un riesgo elevado si existen otros factores invisibles, como malnutrición, depresión, soledad, polifarmacia o pérdida progresiva de fuerza.
Frente a este escenario, recomiendan controles médicos periódicos y una evaluación integral que no se limite a los análisis clínicos habituales. La prevención cardiovascular también incluye sostener una alimentación adecuada, realizar actividad física según las posibilidades de cada persona, mantener vínculos sociales, revisar la medicación con profesionales y consultar ante síntomas como dolor de pecho, falta de aire, mareos o cansancio inusual.

