Un helicóptero Sikorsky H-60 Black Hawk del Ejército de Estados Unidos y un avión comercial Bombardier CRJ700 de PSA Airlines, filial de American Airlines, colisionaron en el aire la noche del miércoles mientras la aeronave comercial se preparaba para aterrizar en el Aeropuerto Nacional Reagan, en Washington D.C. El impacto ocurrió a baja altitud y provocó una explosión que iluminó el cielo sobre el río Potomac.
Según registros de tráfico aéreo, la torre de control intentó comunicarse con la tripulación del helicóptero antes del choque. Menos de 30 segundos antes del impacto, un controlador preguntó si tenían al avión a la vista y ordenó que pasaran detrás del CRJ700, pero no obtuvo respuesta. Testigos captaron imágenes del momento en que el helicóptero se aproximó peligrosamente a la aeronave comercial antes de chocar contra su fuselaje derecho.
Tras el accidente, equipos de policía, bomberos y servicios de emergencia desplegaron un operativo de búsqueda y rescate en las aguas heladas del Potomac, donde se precipitaron los restos de ambas aeronaves. Con la temperatura del agua en 1,6°C, los rescatistas trabajan contrarreloj para hallar sobrevivientes entre los 60 pasajeros y cuatro tripulantes del avión, así como los tres militares a bordo del Black Hawk.
Las autoridades descartaron cualquier indicio de criminalidad o terrorismo en la colisión, aunque la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) anunció una investigación para esclarecer las causas del siniestro. El Aeropuerto Nacional Reagan suspendió temporalmente sus operaciones, mientras el gobierno movilizó recursos de la Guardia Costera para asistir en las labores de rescate.

