La freidora de aire necesita una limpieza frecuente para evitar la acumulación de grasa, restos de comida, malos olores y humo durante la cocción. Sin embargo, algunos métodos pueden deteriorar el revestimiento antiadherente, afectar el funcionamiento del aparato o representar un riesgo eléctrico.
Limpiarla caliente o sin desenchufarla
Uno de los errores más peligrosos es comenzar la limpieza inmediatamente después de cocinar. El equipo debe estar desenchufado y completamente frío antes de tocar el interior o retirar la suciedad. También se debe evitar sumergir la unidad principal en agua: solamente la canasta, la bandeja y otras piezas removibles pueden lavarse, siempre de acuerdo con el manual del modelo.
Otro hábito perjudicial es utilizar esponjas metálicas, cuchillos, cepillos duros o productos abrasivos para despegar restos quemados. Estos elementos pueden rayar y desprender el recubrimiento antiadherente. Lo recomendable es emplear agua caliente, detergente y una esponja suave; cuando la comida está adherida, se puede dejar la canasta en remojo entre cinco y quince minutos.
Olvidarse del interior del aparato
Limpiar únicamente la canasta tampoco es suficiente. La grasa puede alcanzar las paredes internas y la resistencia, provocando olor o humo blanco en los usos siguientes. Con el aparato frío y desconectado, esas zonas pueden repasarse con una esponja húmeda o un cepillo de cerdas suaves, sin volcar agua directamente sobre los componentes eléctricos.
También es un error colocar todas las piezas en el lavavajillas sin comprobar las instrucciones: aunque muchas canastas son aptas, esto depende del modelo y del material. Finalmente, las partes deben secarse por completo antes de volver a colocarlas o guardar la freidora. Una limpieza después de cada uso ayuda a conservar el equipo y evita que la grasa se endurezca.

